lunes, enero 27, 2014

Las dos puertas


Durante el transcurso de tu vida se irán abriendo (por pares) puertas cuando haya que pasar de un capítulo a otro. Con tu ojos mirando al norte, siempre toma la de la derecha, pues si optas por la de la izquierda entrarás en un mundo falso e ilusorio, y para salir de él tendrás que esperar a que nuevamente se vuelvan a abrir las puertas.


Debes también saber que por la de occidente verás aparecer, como los espejismos en medio del desierto, imágenes y personas que intentarán, con gran astucia, confundirte para que por ella cruces. Ignóralas y jamás las escuches ni te detengas a contemplarlas, pues su atractivo es mucho y su poder de persuasión grande; mas no son reales, vienen de un mundo de letargo, olvido y confusión que hará que pierdas el camino.
Recuérdalo bien, siempre que tengas que decidir entre dos portales, primero ubica tu posición y ve siempre hacia el de Oriente.

domingo, diciembre 15, 2013

La carroza de los ocho

Ocho personajes subieron a la carroza, todos parecen distintos, mas no te confundas, los ocho son realmente uno...

jueves, septiembre 26, 2013

Magia



El pequeño parecía no poder estar en calma ni un momento, por lo que todos mis esfuerzos por seguirlo estaban a punto de agotarme. Pero... de pronto me asaltó la duda, el niño era muy parecido a mi cuando tenía su edad, y... al voltear continuamente para comprobar que aún lo seguía me dio la impresión que no trataba de escapar, sino de conducirme a algún sitio.

Al fin lo supe, el chiquillo quería aprender magia. Sus andanzas me condujeron con una pareja de ancianos que emanaban bondad por cada poro, eran judíos, y me ofrecieron algo de comer que, aunque no lo recuerdo, resultó delicioso.

Una vez saciado el apetito los ancianos me condujeron a una ceremonia en un lugar que, sin estar seguro pues nunca he estado en alguna, me pareció una sinagoga. Ahí encontré de nuevo el pequeño que no lograba permanecer quieto ni un minuto y era sumamente escurridizo. Sus pequeños ojos mostraban asombro y fascinación, había visto a alguien hacer magia y, cuando la hizo, una vieja pintura en la que aparecía el Arcángel Miguel se iluminó, los ojos se le encendieron como rojas brazas ardientes y la imagen se desprendió del cuadro.

Estando en la ceremonia alguien se acercó y nos condujo a un lugar oculto, creo que era un sótano. Tocamos a la puerta y apareció un hombre con extraños ropajes orientales. Fue impresionante la simpatía que me generó su sola presencia, como si lo reconociera de algún lugar ya olvidado; tenía una gran sonrisa y un maravilloso sentido del humor. Era un mago. Sólo recuerdo que me dijo que yo era judío, y que le daba gusto verme de nuevo en las ceremonias. Yo contesté extrañado que no lo era. Se limitó a reír alegremente, señaló el turbante que tenía en su cabeza y dijo que él era un emir. En ese momento todo se esfumó en la nada...

lunes, junio 03, 2013

Custodio

El miedo era paralizante, mas no manifiesto. Cualquiera que fuera lo que se resguardara en esa vieja capilla tenía un valor incalculable, y estaba justo en la plancha de piedra semejante a un altar que se ubicaba a pocos centímetros a mi derecha. Me encontraba con otros hombres -no más de cinco- rodeando el altar en actitud marcial, mientras a un mismo ritmo hacíamos sonar las largas espadas que colgaban a la izquierda de nuestras cinturas sacándolas un poco de sus vainas y volviéndolas a introducir con fuerza.

Aguardábamos un ataque, sin embargo mi temor más grande resutaba de darme cuenta que estaba al frente de la defensa. ¿Cómo llegué a serlo? El miedo no era a morir, era a no estar preparado para defender tan preciado tesoro.

Quizá por ello fue reconfortante ver llegar un gran número de soldados que llegaban a reforzar la defensa. Entraron a la capilla en silencio, formándose en perfecta alineación. Resulta extraño pero no parecían estar vivos, más bien daba la impresión de ser un ejército de almas con extrañas túnicas como uniformes.

Había llegado el momento de cerrar la puerta de acceso, la defensa se haría desde el interior. Miré hacia afuera y comprobé que ahí se encontrara el vigilante que velaría la entrada desde el exterior. Extraño, éste era un esqueleto viviente sentado a un lado de la puerta, ataviado con un elegante ropaje púrpura y una espada en su regazo. Giró su cabeza hacia mi y asintió.

Cerré la puerta por dentro corriendo una aldaba, misma que me pareció sumamente frágil, por lo que la reforcé con un recio travesaño de madera.

Uno de los custodios (¿guerrero o sacerdote? No sabría precisarlo) se acercó para informarme que era necesario dar instrucciones. ¿Qué sabía yo de instrucciones de defensa? Formaremos grupos, respondí, y guardaremos silencio para entrar en oración profunda, ésa será nuestra mejor defensa...

sábado, julio 21, 2012

Sueño nivel 2

Sentado junto la pileta de agua, justo al momento de ver cruzar por la ventana cuadrada de la pared de enfrente —como en una película de alta definición— la imagen en blanco y negro del monje franciscano, tuve la certeza de encontrarme en un sueño.

Tenía ya referencias de este fenómeno, pero nunca lo había experimentado por mi mismo, tomar conciencia en pleno sueño de que estás viviendo precisamente un sueño. Por momentos mi mente intentaba romper la comunicación que se había establecido entre mis dos realidades, y yo luchaba por evitarlo.

Quizá fue por ello que cuando una persona se materializó a mi lado la tomé del brazo y le grité con fuerza: "Tú eres sólo el producto de un sueño". Mientras luchaba por soltarse su rostro fue cambiando aceleradamente, en un segundo era una persona y al siguiente otra distinta, como si se tratara de un programa de cómputo diseñado para buscar la imagen-password que abriera mi mano liberándola.

Entonces, al sentir que en cualquier momento la percepción de ambos mundos terminaría despertando en uno o durmiendo en el otro, con firmeza le dije: " Sí, tú procedes del mundo de los sueños, y como lo he descubierto me he ganado el derecho a que me concedas tres deseos, los cuales te podré decir a partir de mañana".

Por un momento dejó de mutar, me miró y asintió. Lo solté entonces e intente mover mi cuerpo acostado en la cama. La experiencia fue de gran desesperación; estaba consciente de mi cuerpo pero no podía mover ni un músculo, seguía atrapado la línea que divide ambas realidades.

Tardé algunos minutos en "regresar" con un torpe y lento movimiento de mi brazo...

lunes, junio 11, 2012

El indigente y el espejo del futuro

Por la puerta de cristal podía verse al pequeño mendingando unas monedas sentado en la banqueta. Nadie parecía notar su presencia. Entonces pude observar como se iba aproximando un figura maltrecha, cuya cojera no lograba disminuir su elevada estatura. Los harapos color café con los que se cubría estaban sucios y rotos, casi tan sucios como sus revueltos cabellos y casi tan rotos como los pocos dientes que aún conservaba. Hurgó entre sus ropas y extrajo una moneda, seguramente la única moneda que tenía, y estirando la deformada mano la entregó al chiquillo.

Salí de prisa conmovido ante tal acto de bondad y generosidad. Alguien capaz de dar no sólo lo que le sobra, sino lo que sin duda le hará falta. Saqué varias monedas de la bolsa de mi pantalón y se las entregué en la misma sucia y deformada mano que segundos antes se había quedado vacía. Entonces me miró a los ojos y una singular sonrisa se dibujó el sus labios; no se trataba de una sonrisa de agradecimiento, era más bien de satisfacción, como si de alguna manera esperara que se desarrollaran así las cosas.

Justo entonces un camión se cruzó entre ambos, y al terminar de pasar el vagabundo ya no se encontraba frente a mi, sorprendiéndome justo a mi lado. ¿Cómo lo hizo? No puedo aún entenderlo.

Sin dejar de sonreír me dijo, aunque ahora no puedo estar seguro que realmente haya pronunciado palabra alguna, “sígueme, quiero mostrarte algo".

Entramos en un edificio apenas a unos pocos metros del lugar en el que nos encontrábamos, y ahí me señaló un gran espejo de aspecto antiguo. Di unos pasos y pude ver mi imagen reflejada; pero el reflejo no pertenecía a ese momento, era una proyección de un posible futuro. Tardé unos segundos en reconocerme. Mi imagen estaba ricamente vestida con un carísimo traje, sin embargo mi aspecto era deplorable: el color de la piel gris cenizo, el cabello completamente cano, y el rostro surcado con profundas arrugas, en los apagados ojos no podía verse el más mínimo signo de entusiasmo. Ni siquiera había tristeza, solo vacuidad. No se trataba de la imagen de un viejo, sino de un hombre acabado.

"Pronto deberás tomar decisiones", dijo el mendigo, "y lo que ahora te muestro es tu futuro en caso de optar por el camino del dinero; sin duda lo tendrás a manos llenas, pero deberás pagar el precio. Hay otras opciones, a ti sólo te fue concedido ver el resultado de una de ellas".

Poco a poco toda la escena fue desapareciendo como si se transformara en bruma, hasta sólo quedar el vacío...

domingo, junio 10, 2012

Los preliminares

El mar comenzó comportándose de una manera extraña, violenta. Después fueron las nubes moviéndose a gran velocidad. La última señal llegó cuando la fina hierba y el césped se erizaron sobre la sensible piel de la tierra. Alguien está usando el hechizo de la creación. El gran cambio ha iniciado.

sábado, agosto 06, 2011

Una familia de árboles (Jules Renard)


"Los encuentro después de atravesar una llanura quemada por el sol.

A causa del ruido, se apartan del camino.
Habitan los campos incultos, cerca de una fuente que sólo los pájaros conocen.

De lejos, parecen impenetrables.
Cuando me acerco, sus troncos se separan.
Me acogen con prudencia; puedo descansar, refrescarme, pero adivino que me observan y desconfían.

Viven en familia, los más viejos en el centro, y los pequeños, cuyas hojas acaban de brotar, aquí y allá, sin apartarse jamás.

Mueren lentamente, y conservan a sus muertos de pie hasta que se deshacen en polvo.
Se acarician con sus largas ramas, como los ciegos para asegurarse de que todos están allí.

Gesticulan coléricos si el viento se empeña en arrancarlos.
Pero entre ellos no hay disputa. Sólo murmuran de acuerdo.

Comprendo que ellos deben ser mi verdadera familia. Pronto olvidaré la otra. Estos árboles acabarán por adoptarme, y para merecerlo aprendo lo que hace falta saber:
Ya sé mirar las nubes que pasan.
Sé quedarme en mi sitio,
Y sé casi callarme".

Jules Renard